Hugo de Martin Scorsese 3D

“HUGO CABRET” Y EL MECANISMO DE LOS SUEÑOS, por Melissa Amaro

HUGO, la última película del director MARTIN SCORSESE, es un hermoso homenaje a los inicios del cine y a uno de sus principales pioneros: GEORGES MELIES. Sin embargo, no voy a hablar de eso en esta pequeña nota. Sólo quiero mencionar que HUGO, lejos de ser un cuento para niños, es una oda a aquello que amamos hacer, lo que nos alegra, y cómo esos hobbies pueden inspirar a una o a millones de personas.

(Advierto que hay spoilers para los que no la han visto aún).

Todo comienza con un niño, Hugo Cabret, un huérfano que vive en la estación de tren Gare Montparnasse y se encarga de darle cuerda a los relojes del lugar. Sin embargo, tiene otra misión, mucho más íntima. Para llevarla a cabo, roba piezas y juguetes de un comerciante de la estación, un hombre amargado y frío que oculta un pasado increíble y cuyas creaciones ayudaron a darle un sentido a la vida del muchacho.

Es muy fácil confundirse y creer que es un cuento para niños. Las letras doradas recuerdan a las primeras películas de “Harry Potter”, “La Brújula Dorada” y “Narnia”, pero HUGO va un poco más allá pues, más que sueños, muestra la vida de un hombre real, su pasión por fabricar grandes sueños a partir de pequeñas ideas y contagiar a su entorno con historias e imágenes inolvidables. Nos muestra el origen de estas creaciones.

Nos habla de un hombre que, debido a las circunstancias, cerró su propia capacidad de soñar y volvió a la “realidad”, a lo común y corriente, y cómo salió de ahí gracias al apoyo de quienes hallaron consuelo y alegría en esos sueños muertos.

Además, tiene relación con el motivo que posee cada persona para existir. En un momento, Isabelle -amiga de Hugo- y el joven protagonista conversan acerca de la misión que cada uno tiene en el mundo. Él le habla sobre los mecanismos: cuando son perfectos, no tienen piezas sobrantes. Por lógica, cada persona viva tiene un papel que cumplir. Él tiene el suyo y ella también. Y si hay piezas sobrantes, estas forman parte de algo nuevo y mejor -lo que queda demostrado cuando Méliès construye su propia máquina filmadora-.

Perder piezas en la vida, por muy pequeñas que sean, impide que los mecanismos funcionen bien. En una máquina no hay problema, pues no tienen sentimientos, pero cuando le ocurre a un ser humano, el pasado feliz -donde todo funcionaba a la perfección- duele mucho. Y como no puede repetirse, es más sencillo tratar de olvidarlo y seguir adelante con lo que hay.

Arreglarse no es fácil para los seres humanos. No basta con tener las piezas, sino que hay que darse cuenta de que uno está dañado, enfrentar los miedos y dolores, las verdades que no queremos oír, y aceptar que esas piezas vuelvan a formar parte de nuestro mecanismo. Una vez que el mal rato ha pasado y todo está en su lugar, es posible volver a funcionar como antaño. Incluso mejor.

Una de las moralejas que entrega Hugo Cabret es que los propósitos que se llevan a cabo con alegría son capaces de cambiar el mundo o, al menos, a varias personas. Ser feliz con lo que uno hace y crear a partir de esa felicidad es un excelente modo de vida. Puede que nuestros logros sean pequeños, pero harán felices a otros. Y quizás esos otros, al crear con alegría, motiven a miles y miles de personas con sueños que duren décadas.

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Autor: dolave 05.03.2012

Conoce lo que ya han comentado aquí

  • sebastian olivares dice:

    Que bello artículo Melissa, ojalá todos tomaran la vida con esa reflexión que nos dejó Hugo. En lo personal nunca voy a olvidar el haber visto los cortos de Meliés en el GAM, narrados por su nieta y musicalizados por su bisnieto, era un Hugo más, un niño soñador

  • Melissa Amaro dice:

    ¡Gracias Seba!
    Debió haber sido genial esa presentación… No solo por los cortometrajes, sino por el compromiso de la familia de Méliès con sus obras. ¡Eso es trascender!
    Saludos =D

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